Un asno veÃa continuamente que su señor halagaba y acariciaba continuamente a una perrilla por las fiestas que ella le hacÃa. Se dijo para sÃ: Si a este animal tan pequeño tanto lo quiere y estima mi amo, cuánto más me querrá si yo le hago algún servicio y alguna fiesta, pues soy mejor que ese animalucho. De esta manera podré vivir mejor al ser más estimado por mi señor.
Estando el asno en estos pensamientos, vio que el señor venÃa y que entraba en casa, y saliendo del establo, corrió para él, rebuznando y dando brincos y coces, y echando sus manos sobre los hombros del amo, comenzó a lamerle con la lengua como lo hacÃa la perrilla, de forma que además de abrumarlo con su gran peso, lo ensució de lodo y polvo las ropas. El señor, espantando de aquellos juegos y halagos del asno, llamó a los criados, los que oyendo las voces, vinieron y dieron de palos a éste, lo llevaron al establo y lo dejaron allà bien atado.
"Ninguno debe hacer lo que no le pertenece ni le es propio, ya que el necio, pensando que complace, lo que hace es causar disgustos y enfado."