Estamos
esperando un bebé.
Embarazo
y Parto.
Quiero
empezar desmenuzando el título de este capítulo.
Estamos:
Primera persona del plural del presente de indicativo del verbo estar.
Desde el momento que se tiene la certeza del embarazo, comienza un nuevo
estado plural: dos, la pareja; tres, los hermanitos del futuro bebé,
los padres y madres de los futuros padres; muchos. Son muchas las personas
que ingresan en un nuevo estado, un estado que conlleva alegría,
ilusión y esperanza; pero también temor, inseguridad y angustia.
Desde
luego que este estado es concéntrico: feto-madre, padre, abuelos
- tíos - hermanitos... Esto quiere decir que la intensidad de todas
las emociones que acompañan a este nuevo estado es directamente
proporcional al centro de la diana, que en este caso es doble: feto-madre,
ya que, sobre todo al principio de la gestación, el feto es como
si fuera un órgano más de la madre, un órgano que
va a reclamar toda la atención de su cuerpo y de su mente, hasta
pasados unos 4 - 6 meses después del parto.
En
este estado plural, ya es hora de reivindicar el papel del padre. Tradicionalmente
el embarazo y el parto "ha sido cosa de mujeres". Muchas corrientes
psicológicas han cargado las tintas sobre el papel condicionante
de la madre sobre la salud de sus hijos, llegándose a acuñar
términos como "madre buena", "madre mala", "madre neurotizante"
e incluso "madre esquizofrenógena".
Opino
que la psicología en este punto ha sido cruelmente parcial, implicando
excesivamente a la madre y desvinculando al padre en la parte de responsabilidad
que le toca en la gestación, nacimiento y crianza del bebé.
Es
evidente que desde la concepción y hasta pasado el destete (de 4
a 6 meses de edad), el feto y la madre, y después el bebé
y la madre, funcionan al unísono. Posterior y gradualmente se irán
diferenciando uno del otro hasta alcanzar el niño o niña
su nueva identidad (psicológicamente alrededor del tercer año),
y la madre a recomponer la suya.
Bien,
pero ¿cuál es el papel del padre? Pues ocupa un lugar esencial:
el padre estaría en el segundo círculo concéntrico
de la diana a la que habíamos hecho alusión, cuyo centro
es la pareja feto-madre.
Durante
la gestación, la mujer sufre cambios físicos y psicológicos
muy importantes: se le baja la tensión, sufre de vértigos,
vómitos y náuseas, se enlentecen sus reflejos y necesita
más tiempo para el reposo y el descanso. También su mente
se agita pensando fundamentalmente, si será capaz o no de llevar
a buen término su embarazo y le surgirán multitud de dudas
e inquietudes al respecto. Es en este punto crucial donde debe actuar el
futuro padre: conteniendo y calmando las ansiedades y angustias de su pareja,
desde una actitud cariñosa, serena y colaboradora.
Esto
no significa que el futuro padre deba de adoptar una actitud cínica,
de falsa apariencia del tipo "tranquila que no pasa nada", sino
que debe ser para la gestante un pilar y un consuelo, un apoyo permanente,
no sólo durante el embarazo, sino especialmente durante el tiempo
denominado "Cuarentena", después del parto, ya que es el momento
en el que la mujer muestra toda la fragilidad que existe en ella. Superado
este período, la mujer recuperará su equilibrio emocional.
Más tarde habrá otro período de tranquilidad, hasta
el destete, en el que de nuevo habrá que dar un paso psicológico
para la separación mental de la madre con su bebé.
En
definitiva, el futuro padre debe ayudar a la gestante en aquellos momentos
de especial fragilidad física y emocional: durante el primer trimestre
del embarazo, antes y después del parto, durante la cuarentena,
y posteriormente en los momentos previos en los que el niño vaya
adquirir mayor autonomía: destete (4 - 6 meses), marcha (1 año),
control de esfínteres (2,5 años) y primer estado de autonomía
del niño (hacia los 3 años).
Llegado
y superado este momento, la madre recuperará plenamente su libertad
mental para volver a retomar con toda intensidad los lazos que mantenía
con otras personas y objetos anteriores al embarazo.
Quiero
precisar en este punto, que estoy hablando desde una posición IDEAL,
y sé por experiencias cercanas que muchas madres no pueden dedicar
3 años de sus vidas al cuidado exclusivo de cada uno de sus hijos.
Es más, la mayoría de las madres que conozco tienen que reingresar
a su trabajo cuando su hijo apenas han cumplido los 4 meses de vida, tieniendo
que compatibilizar las tareas propias de su actividad laboral con las del
hogar, la crianza de su nuevo hijo y la atención a otros si los
hay. Sin embargo, no creo que esto sea "malo" desde el punto de vista psicológico,
aunque sin duda es "muy sacrificado" desde el punto de vista humano. También
quiero aclarar que no justifico en ningún momento una "baja maternal"
de 3 años de duración para la buena crianza del hijo, ya
que pienso que tras esta decisión se esconden muchas veces deseos
regresivos infantiles a los que no conviene dar crédito.
Estamos
Esperando
Un
bebé
Embarazo
y Parto
©
Francisco de la Flor Terrero
Psicología
del niño y sus cuidados
0. Estamos
esperando un bebé. Embarazo
1. Cómo
son el niño y la niña de 0 a 1 años
2. Cómo son el niño
y la niña de 1 a 2 años
3. Cómo son el niño
y la niña de 2 a 3 años
4. Cómo son el niño
y la niña de 3 a 4 años
5. Cómo son el niño
y la niña de 4 a 5 años
6. Cómo son el niño
y la niña de 5 a 6 años
7. Psicomotricidad del niño y de la niña de 0 a 5 años
8. Estimulación motriz del niño y de la niña de 0 a 1 años