El
niño y la niña de 2 a 3 años: La
edad de la protestaPor
otra parte, es la edad del ¡No! Hay un cierto placer en negarse a
todo, incluso cuando lo que se le pregunte sea de su total agrado. A
pesar de que esta obstinación puede llegar a ser molesta, es sin
duda un buen signo: sirve para confirmar que todo va correctamente.
El niño va afirmándose a través de la negación, es su forma de
delimitar su realidad de la de los otros. No = Yo, si no me opongo,
no pasa nada, no me diferencio, no discrimino. Es la manera que ha
encontrado para "reconocer" sus cosas. Al ¡No! se le suma
además el ¡Mío! No esperemos encontrar a un niño que no sea egoísta.
La caridad bien entendida empieza por uno mismo, esto es lo que
quiere decir el refrán: primero yo, después, los demás. La
generosidad se aprende, no nace, se hace. Habrá poco a poco que
inculcar este valor en el niño, pero nunca antes de que el niño se
quiera a sí mismo lo suficiente.
Este
deseo de afirmación de la personalidad empezó realmente un tiempo
atrás, aquel tiempo en el que cuando se le llevaba en brazos y él
señalaba con el dedo un sitio o un objeto y decía "uhm",
equivalente a decir, "lo quiero", "dámelo" o
"llévame hasta él". También cuando se negaba a comer un
determinado tipo de alimentación. Las grandes ventajas de este
momento son dos, la primera que ya puede desplazarse a su antojo y
que puede tomar con sus manos muchos de los objetos que invaden la
casa, la segunda que ha descubierto la palabra mágica: ¡No!
"Digo No y paro las cosas, tengo poder, me escuchan".
Podría ser una interpretación del sentimiento de Omnipotencia que
siente el niño cuando dice sus primeros "Noes". En una
primera etapa el niño abusará del NO y lo utilizará como un juego
mágico, pero posteriormente lo usará para definir claramente su
personalidad, empezará a darse cuenta de que puede seleccionar sus
preferencias y sus gustos aceptando los objetos de su gusto y
rechazando los contrarios. Así, poco a poco, irá construyendo una
parte de su personalidad. Habrá que respetar hasta cierto punto las
preferencias, para que el niño se sienta en parte protagonista de
su propio crecimiento y esto le dote de una mayor confianza y
seguridad en sí mismo, pero por otra parte habrá también que ir
estableciendo límites, los límites necesarios que son los que
impone la realidad que nos rodea así como los límites naturales
hacia el respeto y el derecho de los demás. Dicho de otra forma, el
niño puede expresar un No quiero hacia tal o cual alimento, pero no
puede rechazarlos todos pues se moriría de hambre. También un
niño en ciertas condiciones económicas no se puede permitir el
lujo de rechazar ningún tipo de alimento, simplemente es el que
hay. Sin embargo el principal problema para la crianza, no es la
escasez, sino todo lo contrario: la sobreabundancia. Esto puede
llegar a crear un sentimiento en el niño de que se puede despreciar
todo y que por tanto, nada tiene valor. Habrá pues que cuidar de no
ayudar a conectar con la parte caprichosa del niño en el sentido de
poderle dar todas las satisfacciones cuando él las pida, sino
siempre teniendo en cuenta el principio de ser una madre
"suficientemente buena", esto es darle al niño en cada
momento lo que necesita, no lo que pide.
En
este punto, como en todo el proceso educativo, siempre tendremos que
estar conjugando la satisfacción de las necesidades con la
frustración de las mismas. Cómo en todo, deberemos ayudar a
satisfacer las necesidades, pero no en grado sumo. Sería algo
parecido al dicho popular de cómo debería ser la buena
alimentación: Comerse la comida, pero dejar siempre algo en el
plato... Es decir, llenarse pero no saciarse.
Otra
cuestión que habría que abordar en este punto sería el tema de
las rabietas. Durante esta edad aparecen accesos de cólera,
normalmente son producidos por este deseo de independencia, sobre
todo cuando no se tienen en cuenta sus necesidades. Pero en
ocasiones aparecen porque el niño quiere expresar algo y los padres
no lo entienden y por tanto es la expresión de una gran
frustración. En ocasiones la violencia de los sentimientos que
experimenta en sus accesos de cólera puede llegar a atemorizar al
niño. Es como si se sintiera poseído por una fuerza interior que
escapa a su control. En tales situaciones necesita ayuda y
comprensión, más que castigos o actitudes severas. En estos casos
un poco de contención externa a través de las palabras o abrazos
de la madre puede ser necesaria para devolver al niño la
tranquilidad. En el caso de que dicha violencia sea fruto del
capricho, será más eficaz la firmeza del padre que pondrá un
límite preciso a la hora de manifestar el desacuerdo del niño.
Para
concluir, diremos que actitudes demasiado intransigentes con las
oposiciones negativistas de los hijos pueden llevar a dos
situaciones extremas: bien una posición recalcitrante en la misma,
o bien una actitud demasiado sumisa y pasiva ante la vida. Como
siempre deberemos buscar el término medio, madre y padre, para que
pueda expresar sus sentimientos, podamos ayudarle a que los
comprenda y pueda seguir construyendo su personalidad de la manera
más rica, personal y variada posible.
De
la misma forma el sentimiento de posesión, habrá que consolidarlo
primero: uno debe cuidar de sus cosas, para después inculcar los
sentimientos de generosidad y solidaridad con aquéllos que no
tienen, que no han tenido la oportunidad de poder elegir, de poder
decidir, de poder decir no, sino simplemente de tirar hacia adelante
como sea para no perecer en el camino.
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