Estamos
esperando un bebé. Embarazo y Parto
Esperar
un bebé es esperar una nueva vida. Una nueva vida para el bebé,
por supuesto, pero también una nueva vida para la madre, el padre
y la familia en su conjunto.
Pero
un bebé no es un feto. El feto ya está, el bebé tiene
que llegar, tiene que ser, tiene que concretarse. El tiempo de la gestación
sirve, entre otras cosas, para imaginar, para pensar: ¿Cómo
será? ¿A quién se parecerá? ¿Vendrá
bien? ¿No tendrá defectos? ¿Será un niño
o una niña? ¿Cómo se llamará?
Imaginar
e imaginar. Se lleva un ser dentro, pero está indefinido. Afortunadamente
para todos, las visitas al ginecólogo y en especial las ecografías,
calman una de las ansiedades más importantes de los padres: "Está
bien, está fuerte, su desarrollo es normal, está todo en
orden. ¡Mire, mire, cómo late su corazón!"
Bueno pues, algo es algo. La imaginación ya puede aferrarse a una
primera aproximación de nuestro bebé, ya se le pueden ir
acompañando de palabras y de sentimientos de acogida a algo real,
algo visto y sentido, algo que será nuestro bebé, pero que
todavía habrá que seguir cuidando.
A
medida que la imagen del futuro bebé va tomando cuerpo (tradúzcase
esta expresión en su sentido más literal), las ansiedades
de los padres se van calmando y esto sirve para empezar a tomar decisiones.
La
primera decisión que se impone es buscar un espacio para el bebé:
Un espacio en la mente de cada padre. Es como si hubiera que ampliar la
esfera vital de cada de uno de los progenitores. (Por suerte para todos,
nuestra casa interna es mucho más espaciosa que la vivienda). Este
primer espacio mental de los padres, esta primera "habitación" se
va a ir poblando con ideas, sentimientos y deseos que van a servir para
poder concretar el espacio físico y emocional real con el que se
va a encontrar el futuro bebé.