El
niño y la niña de 1 año: Dos en Uno
Este
hijo establecerá su primer contacto con el mundo a través
de la madre, y posteriormente a través del padre, hermanos y de
la familia amplia. Pero de momento en esta relación no caben más
que dos: Dos en uno, Uno en dos.
Aquí
de nuevo tengo que precisar el papel del padre. Aparentemente sólo
hay dos: madre e hijo. Pero debemos recordar el frágil estado emocional
en el que se encuentra la parturienta y que necesitará de todo el
apoyo para reestablecer fuerzas y recuperarse de un estado parecido al
duelo (no olvidemos que ha perdido algo de sí, el feto que le ha
acompañado durante 9 meses, aunque ha ganado algo mucho mejor que
es un hijo). Por ello es importante el papel de la madre de la parturienta,
que ayudará con sabios consejos de su experiencia como madre a la
vez que mimará a su hija que ya es madre; y el papel del marido,
que dará consuelo y apoyo y procurará las condiciones de
descanso oportunas para favorecer la pronta recuperación de la nueva
madre
Por
otra parte, el embeleso que surge entre la madre y el bebé es necesario
para que lleguen a entenderse. Surge una fascinación permanente
de uno hacia el otro, no pueden dejar de mirarse, no pueden dejar de estar
separados uno del otro. En cuanto uno está despierto busca al otro
y bien juegan, charlan o simplemente el niño está en el regazo
de la madre. Es que ahora tienen que conocerse, se estudian, se miden.
Fueron 9 meses de imaginación, fueron 9 meses de espera fantaseada.
Ahora por fin se pueden contemplar cara a cara. Hay que mirar todo con
detenimiento: sus rasgos y facciones, sus muecas y maneras, su cuerpecito,
sus movimientos, su voz, sus ojos, su mirada... Es lo que Winnicott llamaba
"preocupación materna primordial".
También
este autor habla de la función de sostenimiento del bebé.
El bebé tiene que sentirse seguro en los brazos del que lo acoge,
si no estará intranquilo y desasosegado. El bebé lo quiere
todo para sí: atención, seguridad, estabilidad física
y emocional. Este sentimiento de estar bien sostenido es lo que le permitirá
liberar energía para poderla ligar a otros objetos como por ej.,
el rostro de la madre. Esta sensación física de saberse sostenido
será un elemento clave para construir el sentimiento de confianza
básica del que hablaba Erikson.
En
este estado de conocimiento mutuo la madre (y el padre) observarán
cómo el bebé duerme, sonríe o simplemente está
plácido, lo cual significa que todo va bien, y en otros momentos,
que llora y chilla, manifestando su malestar. Es en estos momentos cuando
se ha de preguntar qué le puede estar pasando. Si vemos que las
funciones físicas básicas están cubiertas, tales como
la alimentación, la higiene corporal y el soporte, habremos de pensar
que esos estados de malestar obedecen a sensaciones internas del bebé
que son naturales a la propia condición humana, y que como tal tan
sólo podremos ayudarle dejándolo que lo exprese a la vez
que procurándoles nuestro consuelo cogiéndolo, hablándole
y conteniendo su angustia vital. A todos nos gustaría que el malestar
no existiera, pero sabemos que eso es irreal y tendremos que aprender desde
el principio que los estados de bienestar y malestar se alternan y que
ambos son naturales siempre en una proporción adecuada.
El
bebé ya calmado, podrá de nuevo iniciar sus rondas de exploración
con el entorno, y cada nuevo "descubrimiento" del niño lleva aparejado
un grado de excitación. Este nivel de excitación hay que
cuidarlo, la mejor manera es proveer al niño de unos ritmos constantes
y equilibrados de vigilia y sueño. Al principio esta constancia
en los ritmos de alimentación, higiene y descanso / vigilia, además
de crear un sentimiento de confianza en el bebé, permitirá
asumir durante el sueño aquellos elementos que produjeron excitación
durante la vigilia. Todos sabemos que el bebé necesita al principio
muchas horas de sueño y pocas de vigilia. Sin embargo, a medida
que pasan los días, este ritmo debe variar aumentando las horas
de vigilia y reduciendo las horas de descanso. Este cambio de ritmo irá
en constante progresión a lo largo de toda la vida, pues todos sabemos
que las personas de mayor edad necesitan cada vez menos horas de sueño.
Para
ayudar a contener esta excitación del bebé, la cultura humana
ha sabido hacer esto de una forma progresiva e intuitiva. Un ejemplo práctico
son las cunitas de los niños. De recién nacido, al niño
se le coloca en un "Moisés", que es una canastilla de dimensiones
reducidas, normalmente ovalada acorde al tamaño del bebé.
Estos primeros habitáculos evocan claramente al seno materno, recordemos
que la canastilla de Moisés es cerrada. Conforme el niño
va creciendo, se le pasa a una cuna, que es como una caja pero con barras.
Por fin, cuando el niño tiene ya tiene más de tres años,
se le suele poner un dormitorio de "niño mayor" con una cama parecida
a la de los adultos y con alguna pequeña protección en uno
de los laterales (a modo de baranda). Toda esta evolución del mobiliario
del dormitorio del niño, obedece a que el nivel de contención
de su angustia ha ido aumentando internamente, y que por lo tanto no necesita
tanta contención externa. Recuerdo que siempre hablamos de alternancias
de estados bienestar y malestar. Habrá períodos en los que
el niño necesite mayor contención (pesadillas, enfermedades, etc...).
Cuando estos estados mejoran el nivel de contención
interno se hará cargo de soportar la angustia natural que comporta
vivir.
Por
último, y para terminar con el tema de la excitación, es
conveniente que el bebé no comparta durante mucho tiempo el dormitorio
de los padres, y estimo conveniente que a partir de los 4 a 6 meses el
niño duerma en una habitación distinta. Esto va a depender
mucho de las condiciones particulares de cada vivienda, pero creo que es
lo más sano para todos, tanto para el niño como para los
padres, que también tienen derecho a su propia intimidad. El problema
de la excitación no es el hecho de sentirla, sino de comprenderla
y el bebé puede sentirse inundado de sensaciones que debido a la
inmadurez de su mente no puede llegar a entender. Este punto puede resultar
conflictivo tanto para los padres como para el propio niño, ya que
se conjugan elementos de angustia con sentimientos de abandono y rechazo
(se excluye al bebé de la relación de pareja), además
entra en juego el destete que también ronda este período.
Para ayudar a los padres, diremos que este conjunto de decisiones se toman
para favorecer la autonomía del niño, para ayudarle a pasar
de la transición bebé a niño. Ya no es un bebé,
ya puede tomar alimentos más sólidos, ya no necesita tanto
de la atención permanente de los padres: Ya empieza a ser un niño.
Dos
en uno
Acoplamiento
Destete
Idas
y Venidas
©
Francisco de la Flor Terrero
Psicología
del niño y sus cuidados
0. Estamos
esperando un bebé. Embarazo
1. Cómo
son el niño y la niña de 0 a 1 años
2. Cómo son el niño
y la niña de 1 a 2 años
3. Cómo son el niño
y la niña de 2 a 3 años
4. Cómo son el niño
y la niña de 3 a 4 años
5. Cómo son el niño
y la niña de 4 a 5 años
6. Cómo son el niño
y la niña de 5 a 6 años
7. Psicomotricidad del niño y de la niña de 0 a 5 años
8. Estimulación motriz del niño y de la niña de 0 a 1 años