El
niño y la niña de 1 año: Acoplamiento
La
familia entera necesita un reajuste físico y emocional para la acogida
de un nuevo miembro. De dos a tres, de tres a cuatro, etc. ,(en el caso
de que venga un sólo hijo...).
La
llegada de un nuevo componente obliga quizás a realizar profundos
cambios no sólo en el mobiliario de la casa, sino en la dinámica
misma de la familia. Ya nada será igual que el día anterior.
Toda la atención para el nuevo miembro. Pero sin duda, esta
atención se centra de nuevo en el binomio madre-hijo.
Quizás
la función primordial de ese embeleso mutuo que surge entre el bebé
y la madre sea el conocimiento de ambos. Habrá que ver los ritmos
de alimentación, de sueño y vigilia, de comida, de juego,
de higiene... La madre también tendrá un estilo propio de
alimentar y cuidar al bebé, quizás un estilo que se irá
definiendo con la misma crianza, con su propia experiencia y con la ayuda
de otras personas.
En
esta etapa pues se produce el primer modo de relación social, la
primera modalidad de comunicación, que es una comunicación
TOTAL pues están implicados todos los sentidos de ambos interlocutores
(¡hasta el sexto sentido, la intuición!). Que sea una comunicación
total no implica que sea una comprensión total. Es más, si
se pone tanto esfuerzo en involucrar a todos los canales sensoriales en
este tipo de comunicación quizás se deba a la necesidad de
comprenderse mutuamente cuanto antes, pues el afecto ligado a esta comprensión
será el combustible que necesitará el motor del bebé
para avanzar por la vida...
Este
conocimiento recíproco deberá estar lo más libre de
prejuicios posible por ambas partes. Pero es inevitable tener expectativas
e ilusiones sobre el futuro del bebé. Quizás se lo habría
uno imaginado más alto, más delgado, que se pareciera a tal
o a cual persona, que fuera más despierto o más "bueno"...
En fin tantas posibilidades que habrá que desechar. Sólo
a través del conocimiento diario y de los modos de relación
entre ambos será posible identificar al niño tal cual, tal
cómo es y no como nos gustaría que fuese. Este ejercicio
de reconocimiento habrá que tenerlo presente durante toda la vida
y nos ayudará a posibilitarle el margen de libertad necesario para
que el niño se sienta libre para poder ser él mismo (dentro
de los cauces de una relativa seguridad y respeto a los demás, por
supuesto).
También
en el bebé se producen formas de conocimiento de la madre que a
veces pasan impercetibles para los adultos, tales como el reconocimiento
del olor corporal y de la ropa de la madre, la forma en la que se siente
acogido o sostenido, el tono de su voz, las palpitaciones de su corazón,
y sobre todo, del estado de ansiedad o serenidad que la madre pueda transmitir
al bebé. Sucede con frecuencia que en determinadas situaciones,
una madre no puede conseguir que su hijo se duerma o deje de llorar. En
este caso habrá que ayudar a la madre simplemente realizando esta
tarea la persona que en ese momento esté más calmada, procurando
vivir estos momentos sin dedicar ningún reproche, sino intentando
comprender la situación.
Las
percepciones que el bebé va haciendo de la madre al principio son
muy difusas y globales ya que su sistema neuromadurativo está aún
en desarrollo. Así pues la visión está reducida a
unos 20 cms de distancia, con lo que no puede alcanzar a ver con mayor
profundidad. Tampoco puede sostener ni girar la cabeza, con lo que no puede
explorar el entorno, aunque su oído y olfato sí están
funcionando plenamente. Todas estas sensaciones que le llegan al bebé
de pronto tendrá ahora que empezar a organizarlas: es por ello por
lo que al principio deberá dormir con más frecuencia, para
asimilar las cantidades de excitación que están recogiendo
sus órganos sensoriales tanto del mundo exterior como de sus propias
sensaciones internas.
En
esta misma confusión de sensaciones el bebé no puede discriminar
entre él mismo y los demás, entre las sensaciones internas
y externas. Será pues, a través de la experiencia repetida
y diaria de determinados ritmos de relación cómo el bebé
podrá ir poniendo de a poco, cada cosa en su sitio. Y con esfuerzo
logrará identificar al cabo de los meses la cara de su madre como
el logro del primer hito en la consecución de su propia identidad
y seguridad, ya que en ella depositará todo su bienestar, así
como todo su malestar. Esta primera identificación del rostro de
la madre, y posteriormente de su persona será la que le permitirá
realizar después la suya propia en comparación con ella,
así como con los demás miembros de la familia cercana y lejana.
Diríamos
de una forma simple, que el bebé se hallaba "incrustado" dentro
del cuerpo de la madre durante el embarazo, "acoplado" desde el nacimiento
hasta los primeros seis u ocho meses, en el que empezará a
diferenciar a la madre para poder después él mismo desacoplarse
y diferenciarse en un período que va desde los 6 meses a los 3 años
de vida, aproximadamente.
Dos
en uno
Acoplamiento
Destete
Idas
y Venidas
©
Francisco de la Flor Terrero
Psicología
del niño y sus cuidados
0. Estamos
esperando un bebé. Embarazo
1. Cómo
son el niño y la niña de 0 a 1 años
2. Cómo son el niño
y la niña de 1 a 2 años
3. Cómo son el niño
y la niña de 2 a 3 años
4. Cómo son el niño
y la niña de 3 a 4 años
5. Cómo son el niño
y la niña de 4 a 5 años
6. Cómo son el niño
y la niña de 5 a 6 años
7. Psicomotricidad del niño y de la niña de 0 a 5 años
8. Estimulación motriz del niño y de la niña de 0 a 1 años