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DOS SAPOS Y UNA REDONDA Esta es la historia de dos sapos que se parecían tanto, que todos
en la charca les llamaban, simplemente, Sapo 1 y Sapo 2. Desde el mismo momento
en que nacieron, Sapo 1 y Sapo 2 se hicieron muy pero que muy amigos. Juntos
dieron su primer salto a la charca, juntos habían nadado y cazado moscas
durante días y días. Pero una noche Sapo 1 descubrió algo precioso en la
superficie del agua, y entusiasmado, llamó a su amigo.
-¡Sapo 2, Sapo 2! ¡Mira...qué cosa tan bella!. Y sapo 2, que se acercó enseguida dando largos saltos,
quedó, también, muy impresionado. -¡Caramba, Sapo
1, esa cosa brillante y redonda es lo más bello que he visto en toda mi vida de
batracio!. Y así fue como Sapo 1 y Sapo 2, se enamoraron
perdidamente de "la Redonda", que no era más que el reflejo de la luna en el
agua, aunque, claro está, ellos no lo sabían. Sapo 1 le recitaba poesías: - Croac, croac,
croac, mi redondita, eres tú la más bonita... Y sapo 2 le
croaba su más bella canción. -Croac,
cro-cro-cro-Croac, !redoooondaaaa!. Pronto Sapo 1 comenzó a sentir celos de la canción de
Sapo 2, y Sapo 2, comenzó a malhumorarse con la poesía de Sapo 1. Todo ello
ocasionó fuertes riñas. -¡Sapo 2, deja ya de cantar! –gritaba Sapo 1 a su
amigo-, ¿no ves que a la Redonda no le gusta tu canción?. Y Sapo 2, replicaba: -¿Qué dices, mal Sapo 1! ¡Ella lo que no soporta, es esa
poesía tonta que le recitas!. Y las peleas entre los dos, se hicieron interminables
noche tras noche. Una noche, ocurrió la peor riña de todas, y Sapo 2 se enojó
tanto con Sapo 1, ¡que hasta le saltó a la cabeza!. A Sapo 1 no le quedó más
remedio que huir, pero por más que corría, Sapo 2 le seguía sin descanso. La persecución duró ocho kilómetros, y al cabo Sapo 1,
que ya no podía más, descubrió una charca
y decidió lanzarse a ella para escabullirse definitivamente. Ya estaba a
punto de hacerlo, estiró fuertemente hacia atrás las patas traseras para tomar
impulso, y las delanteras hacia adelante para amortiguar el golpe, cuando un
asombroso descubrimiento lo detuvo. -¡Iiiiiiiii¡ Pero, ¿qué veo? ¡Increíble! ¡Mira, Sapo 2,
esta charca tiene otra Redonda!. Y Sapo 2, al comprobar con sus propios ojos saltones lo
que Sapo 1 refería, exclamó aliviado. -¡Pues tanto mejor! ¡Quédate en esta charca para
siempre, con esa Redonda!, y yo... me iré a la mía, ¡con MI Redonda!. Y calabaza calabaza, cada uno para su charca. Por
primera vez en la vida, los dos amigos se separaron. Sapo 1 quedó en su nueva
charca, recitando poesías a su Redonda. Y sapo 2, siguió cantando canciones a
la suya. Cada uno, por su parte, decía: -¡Al fin solos, Redondita!. Pero una noche comenzó la fase de Luna Nueva, y ni Sapo
1 ni Sapo 2, estaba preparado para lo que sucedería. La Redonda, de pronto, desapareció de la faz de las charcas, y
los pobres sapos, cada uno en la suya, quedaron desolados al ver que la Redonda
desaparecía. -¡Redonda,
Redondita!, ¿dónde estás? –decían una y otra vez. Sapo 1 tuvo una idea. -¿Será que mi redonda se ha ido a la charca de Sapo 2?. Y la sola posibilidad de que así fuera, le hizo regresar
a su antigua charca. Se acercó cauteloso, arrastrado las ranudas patas para no
hacer ruido, y en el silencio de la noche, un llanto –muy parecido al suyo-
escuchó. ¡Era sapo 2 que lloraba, también, a moco tendido!. -Cruaaaaa,
cruaaaaa... –se lamentaba Sapo 2, y Sapo 1 se acercó. -Sapo 2, ¿qué
te sucede?. -¡Es mi
Redonda, Sapo 1, mi Redonda se ha iiiiiido! Sapo 1 saltó
hacia sapo 2 abriendo los brazos, al tiempo que exclamaba: -¡La mía
también! ¡Mi Redonda también se ha marchado!. Y los dos amigos, que a causa de la Redonda se habían
enemistado, a causa de la Redonda volvieron a unirse, esta vez por el
compartido dolor de haber perdido, cada uno, a su amada. Se abrazaban
intentando hallar consuelo, se daban las manos, y lloraban sin cesar: -Cruaaaaaa,
Cru-cru-cruaaaaa, cruaaaaaa... Tanto y tan alto lloraron, que a todas las ranas y sapos
de la charca despertaron. Nadie quedó en cama, todos salieron a ver qué
sucedía. Incluso el Gran Sapo Toro, el más anciano de toda la región, vio
interrumpido su descanso, y de su hueco en la tierra salió, abriendo y cerrando
sus enormes ojazos, al tiempo que preguntaba: ![]() -Pero, ¿qué es lo que sucede? ¿Qué algarabía es ésta que
no deja dormir al vecindario?. Sin pensarlo dos veces, Sapo 1 respondió: -Es que mi Redonda se ha ido, y la de Sapo 2 también,
¡se han ido para siempre! ¡Cruaaaaa!. -Pero, ¿qué redonda es esa? –preguntó el Gran sapo Toro,
y esta vez quien respondió fue Sapo 2: -La Redonda es...!la Redonda!: ¡esa que todas las noches
se posaba en la superficie de la charca, tan callada, y tan linda!... -Ah, ah...creo
que al fin comprendo: ¡la Redonda, es la Luna!. Sapo 1 y Sapo 2 se miraron extrañados. Al mismo tiempo,
dijeron: -¿!La Luna!?. Y
esa...¿quién es?. -¡Pues la Luna es esa que brilla en el cielo y nos hace
más claras las noches!. Pero ni Sapo
1 ni Sapo 2 querían comprender. -¡No, mi
redonda no está en el cielo, estaba en mi charca! –protestó sapo 1. -¡Ni la mía
tampoco, porque también estaba en mi charca! –replicó Sapo 2. Y el Gran Sapo Toro, al verlos tan tercos en su enfado,
se río de buena gana: -Ajaja-aaaaaa-ja-ja-ja... Pero hay que ver, ¡qué
muchachos!. La redonda de que hablan es la Luna, y no es de ninguno de ustedes,
¡es de todos! ¡Se refleja en tooodas
las charcas del mundo!. ¡Ahora sí que Sapo y Sapo 2 no entendían nada! ¿Cómo iba
el Gran Sapo Toro a decir que la Redonda estaba en todas las charcas del mundo?
¡Qué soberano disparate!. Como adivinando los pensamientos de los dos sapos, el
Gran Sapo Toro dijo finalmente: -Nada más esperen 7 noches, ¡y ya verán cómo sus
"Redondas" vuelven a aparecer!. Y diciendo esto, regresó a su hueco para dormir. Todos
las ranas y sapos de la charca hicieron lo mismo, y solos quedaron sapo 1 y
Sapo 2, más confundidos que nunca. Los días siguientes pasaron pensando que el Gran Sapo
Toro los había engañado. Sapo 1 y sapo 2 contaron una, dos, tres noches, y la
Redonda no aparecía, pero justo como el sabio había anunciado, en la noche
número 7, Sapo 1, loco de alegría, exclamó: -¡Mira, Sapo 2,
en la charca!: es la Redonda, ¡regresó!. Por un segundo quedaron los dos mirando el brillante
reflejo sobre la superficie del agua. Luego, como si se hubieran puesto de
acuerdo, elevaron a la vez la cabeza al cielo -cosa que ¡jamás! habían hecho. Así comprobaron que el Gran Sapo Toro tenía razón.
Saltaron hasta la charca en que había estado viviendo Sapo 1, y...
¡efectivamente, allí había otra Redonda!. Más entusiasmados que nunca, saltaron
en busca de otra charca, y otra, y otra...¡y en todas había una Redonda, porque
era el reflejo de la Luna! ¡Qué felicidad que hubiera tantas, para todos los
sapos del mundo! ![]() Finalmente, regresaron a la charca en que nacieron, la
misma en la que juntos, habían dado su primer salto al agua. El Gran Sapo Toro,
que los sintió llegar, asomó la cabeza desde su hueco de dormir, y dijo: -¿Ya ven?
¡Debieron fijarse mejor antes de pelearse!. Desde ese día, Sapo 1 y Sapo 2 no han vuelto jamás a
enemistarse por nada, porque antes de hacerlo, piensan un poco, miran a todos
lados, ¡y siempre hallan una respuesta! FIN
Cuento Original de Xyrla: elmerferrer@cubarte.cult.cu
Dibujos originales de su hija Isa.
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| Sorpresa |
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Sorpresa |
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