En
Villa Naranja Lima sólo viven pollitos. Un montón de pollitos
color amarillo chillón.
Piomar
vive solo; bueno, no del todo, en compañía de Moca, su osito
de trapo.
Una
mañana, bien temprano, frente a la ventana de su habitación,
desfilaron un grupo de pollitos alborotados por llegar a la escuela.
Piomar
no entendía cómo podía ser que no prefirieran jugar
hasta bien entrado el atardecer.
Como
cada dia, Piomar sentó a Moca en la cestita de su triciclo y, se
dejó ir, como si volara, cogiendo velocidad calle abajo...hasta
que algo llamó su atención en el kiosco de Don Pioliver.
Los
ojitos de Piomar brillaban fascinados ante aquella maravillosa revista
de aviones. Pero pronto se entristeció, sintiéndose pequeñito
como un guisante, rodeado de todos aquellos pollitos y pollos grandes que
leían y hablaban cosas bien difíciles de entender.
Con
un fuego intenso que quemaba en su interior, Piomar pedaleó con
más fuerza que nunca; la cabeza de Moca tambaleaba de un lado a
otro de la cestita.
Parecía,
ahora, que su triciclo fuera con gasolina, llegando a adelantar la moto
de Piorégano, el repartidor de pizzas.
Al
fin topó con la puerta de la escuela. Decididamente entró
en el aula de la maestra Pioceanía "Bienvenido Piomar, pero a partir
de mañana deberás llegar a las 9 en punto", observó
la maestra que intentaba disimular su sorpresa.
Pasaron
los meses y, las vacaciones de verano ya estaban a la vuelta de la esquina.
Cuando
Piomar se dió cuenta del tiempo transcurrido, le dió un vuelco
el corazón al recordar el motivo por el cual él estaba allá.
Demasiado
tarde, ya no encontraría aquella revista de aviones super modernos.
"En
la biblioteca hay un montón de libros de aventuras de aviadores"-Era
Piolivia quien le hablaba.
Hasta
ahora Piomar no se había fijado que aquella pollito tuviera unas
pestañas tan largas...Piomar sintió mariposas en el estómago...Mira
que es bonita Piolivia!, se dijo para sí.
"Pues
vamos a leerlos!", pudo decir por fin Piomar.
Y
así fue como Piomar y Piolivia desaparecieron por el pasillo en
dirección a la biblioteca. ¡Qué entusiasmante es la vida en
la escuela!
Nuria Abreu Bronchales
Barcelona,
20 de enero de 2002.