Silver
se fijó esta vez en una cerámica en forma de escudo con tres
caras de mujer situadas en los vértices de un triángulo equilátero
y en cuyo centro reinaba un rostro muy inquietante: una cara de mujer cuya
cabellera estaba formada por serpientes vivas y amenazantes. El Padrino
le había colocado un sello en el que figuraba su nombre: La Gorgona
Medusa.

Las
Gorgonas eran tres hermanas, Esteno, Euríale y Medusa, todas ellas
bellas en un tiempo. Pero una noche, Medusa se acostó con Poseidón
en un templo de Atenea. Furiosa, la transformó en un monstruo alado
con ojos deslumbrantes, grandes dientes, lengua saliente, garras afiladas
y cabellos de serpientes, cuya mirada convertía a los hombres en
piedra... Cuando Perseo decapitó a Medusa, Crisaor y Pegaso, nacieron
de su cadáver.
Medusa
evocó en Silver el recuerdo de la mujer de Lot, la cual se convirtió
en estatua de sal cuando desobedeció el mandato divino de no volver
a mirar a la perversión, reflejada en las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Lot, al igual que Orfeo, perdió a su amada Eurídice al no
poder soportar la tentación de volverse para comprobar si la estaba
rescatando del mundo de los muertos...
La
fascinación de la perversión... Es mejor no mirar, si la
miras una vez, estás perdido, no puedes dejar de mirar... Para vencer
esta tentación tan fuerte se necesitan instrumentos muy poderosos
como aquéllos con los que fue investido Perseo por los dioses: el
escudo de Atenea (la sabiduría), la hoz diamantina de Hermes (la
decisión), un par de sandalias aladas (el sigilo), un zurrón
mágico para guardar la cabeza cortada (la precaución), y
el yelmo negro de la invisibilidad de Hades (la oportunidad). Y con todo,
estos instrumentos hay que usarlos una sola vez y en el momento preciso,
ya que una vez utilizados pierden toda propiedad...
El
mito de Perseo, como el de Lot, quizás estén hablando de
lo mismo. Cómo se puede vencer a la perversión... aunque
emplean estrategias distintas. Lot, lleva una vida natural, no se mezcla
con la gente perversa, y cuando llega el momento se aleja sin mirar atrás.
A pesar de todo, pierde a su "media naranja". Perseo lucha, se enfrenta
a Medusa, y la mata, aunque con muchísimas ayudas y mirando tan
sólo el reflejo de su rostro a través del escudo de Atenea.
El
mal acecha en el corazón del hombre, y es difícil mantenerse
recto. No es una batalla que se pueda ganar con un corte de yugular...
Se necesita mucha voluntad, mucho conocimiento de la vida y mucha convicción;
armarse de paciencia sabiendo que lo que uno ha elegido para sí
y los suyos, aunque parezca "aburrido" y no muy "atractivo", sea la única
manera de vencer a la perversión: No mirar hacia atrás, no
mirar a Medusa.
Si
se mira, tan sólo una vez, quedarás petrificado, hechizado
por su embrujo, perdiendo toda voluntad y poder de decisión. Porque
Medusa aún vive... en la cabeza del hombre en forma de ideas-serpientes
que pervierten el pensamiento y la mirada, prometiendo placeres a costa
de anular los sentimientos y los afectos que son la base de la vida.
Silver,
hablaba esta vez con voz muy queda... Apenas se oía su discurso.
Sus palabras, entrecortadas, parecían dictadas por una fuerza que
le hablaba desde su interior...Cuando hubo terminado su relato, sintió
que a su padrino se le hacía un nudo en la garganta, impidiéndole
pronunciar nada durante un tiempo. Tanto fue así, que lo único
que pudo hacer esta vez fue señalar con el índice los objetos
de la tienda, dando a entender a Silver el visto bueno para trabajar un
día más.
Silver
cogió con su mano derecha un arco de madera
de boj fuertemente tensado. Era un objeto grácil, liviano y potente
a la vez. Se colocó en la espalda un carcaj que albergaba en su
interior media docena de flechas. Se paseó
un buen rato por los entresijos de la tienda acechando como un cazador,
antes de irse a dormir.